Autoestima en tiempos de crisis

Autoestima en la crisisCuando las cosas nos van bien, actuamos como si nos fuesen tremendamente bien

En 1993 viví mi primera crisis económica recién salidos del boom olímpico. Por aquel entonces la nuestra era una empresa incipiente de unas 20 personas, todas ellas muy jóvenes y con nula experiencia en gestionar situaciones de excepción. Recuerdo un consejo  que me dio un cliente: Antonio, mientras dure esta crisis, sólo lee la prensa deportiva; el resto lo único que hará es quitarte el sueño y bajarte la moral. ¿frivolidad, inconsciencia o sabiduría?. Seguramente un poco de todo, dependiendo del momento, pero un gran antídoto contra los ataques a la autoestima que las coyunturas difíciles nos dan.

El nuestro es un país de polos: Cuando las cosas nos van bien, actuamos como si nos fuesen tremendamente bien y la consecuencia suelen ser grandes burbujas económicas. Por el contrario, cuando nos van mal, actuamos como si nos fueran tremendamente mal y ponemos en el mismo saco todas las cosas; las que sí funcionan y las que no, las que nos tienen que sacar de la crisis y las que nos lastran y hunden en el fondo de la misma.

Y es que en medio de las tormentas lo más difícil siempre es mantener la calma y el sentido común; discriminar lo que realmente vamos a seguir necesitando y tiene valor para avanzar y desprendernos de todo el lastre que ya no nos aporta ningún tipo de valor.

¿Es que realmente nuestro país va tan mal?, ¿No podemos consolidar nada de lo realizado y obtenido durante los 20 años que nos separan de la última crisis?

Desde mi punto de vista, si algo hemos demostrado al resto del mundo en estos 20 años es nuestra capacidad para adaptarnos a los cambios y para leer en clave de nuevo valor sectores tradicionales, todo ello con una fuerte dosis de optimismo. Cuando nuestra autoestima funciona bien, somos los grandes proveedores de optimismo del planeta; es sin duda el optimismo lo que lo mueve y algo por lo que muchas sociedades están dispuestas a pagar un elevado precio.

Es el miedo a perder lo obtenido en todos estos años lo que nos tiene parados; cual avestruces escondemos la cabeza bajo la tierra esperando que  pase la tormenta; es este sin lugar a dudas el camino más directo al desastre.

El boom del ladrillo trajo a unos pocos grandes dosis de beneficio rápido, hoy todos lo identifican como el origen de nuestros males; para mí el peor mal del boom del ladrillo es lo que denomino “efecto enmascaramiento”. El vertiginoso éxito económico junto al derrumbamiento ha producido tanto “ruido” que ha hecho pasar desapercibidos importantísimos logros  de nuestra economía. En todo este tiempo ha habido algo más que ladrillo y ha sido muy bueno y un claro referente para el futuro.

Es cierto que ha nuestra economía le cuesta entender las nuevas tecnologías y los negocios on line, pero no es menos cierto que contamos con una de las grandes operadoras del mundo como Telefónica y que nuestros emprendedores digitales lo están haciendo bien; empresas de éxito como Tuenti, Buy Vip,InfoJobs, etc., así lo demuestran.

Quizás es el turismo el eslabón perdido entre la economía clásica y la nueva, entre el ladrillo y los negocios on line, entre el inversor especulador y el profesional de un sector líder en el mundo, entre la España de sol y toros y la España centrada en los servicios, que protege su marca y adapta la oferta a la evolución de los tiempos.

El turismo ha sido y es también nuestro gran aparato propagandista, a través de él se ha difundido un modo de entender la vida y sin él no se hubiera expandido tan rápidamente el éxito de nuestros modelos de retail o nuestra industria alimentaria.

Son los servicios financieros y la gran banca la que está ahora librando una dura batalla a sus competidores internacionales. Dominar los mercados financieros es sin lugar a duda un gran reto, una provocación al resto de países que hasta ahora lo han hecho. De momento lo están poniendo duro y uno no sabe cuánto de lucha contra nuestros bancos de forma directa hay camuflado dentro de los ataques especulativos.

Seguimos teniendo grandes retos que superar en nuestra estructura productiva y en nuestra maquinaria científica. Particularmente pienso que uno de los grandes problemas de ambos es  “encontrar su sitio en el mundo”, encontrar su razón de ser dentro de un país que no se lo pone fácil y no le reconoce sus méritos. Debemos encontrar nuestro hecho diferencial científico, investigador y productivo; encontrar los huecos diferenciales dentro de un mundo saturado y cada vez más pequeño.

Creo que tenemos grandes cosas de las que preocuparnos, pero al mismo tiempo grandes dosis y base para el optimismo. No dejemos que las presiones externas muy interesadas en hacérnoslo olvidar lo consigan. Sobre el leer o no la prensa deportiva, en especial la futbolística, se lo dejo a su elección. Todo depende de los colores que uno sienta, el que le eleve o no la autoestima.

Por Antoni Flores.

 

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