Años para el éxito, segundos para el prejuicio

Autor: Yván Conejero

Es una tónica general y lo sabemos, pero por más que reconozcamos que somos así, ¿por qué el ser humano no hace otra cosa que juzgar a todos? Opinamos y nos “ocupamos” del que tenemos enfrente;  disertamos dictámenes de su personalidad por el mero hecho de mirarlo.

¡No lo conozco pero me cae mal! ¿Cuántas veces hemos empleado esta frase? Cometemos un grave error porque no damos opción a conocer a las personas, porque somos impacientes y pretendemos dictar nuestra opinión con el dedo acusador de la palabra; si, digo de la palabra porque pienso que en el fondo no creo que seamos así, pero nos sentimos cómodos subidos en el carro del despropósito y estar en la moda de decir que “este personaje es así porque lo dice todo el mundo”; ¡Cuánto me fastidia la expresión ”dicen…”!

Ya hemos prejuzgado a los que no conocemos; ahora pasemos a los que supuestamente conocemos.  Estableceremos relaciones que comparan la cruda realidad a la hora de llegar a establecerse en un mundo tan viciado por lo impuesto, con tanta competencia por encumbrar a los mediocres; y nos llevarán a entender la dificultad para lograr metas; y la facilidad para caer en manos de los prejuicios.

Cualquier trabajo que hagas te cuesta multitud de espinas, de baches, de peligros, de comentarios, de trabas…  Ya has labrado tu camino, has encumbrado tus pensamientos; ahora estás en la cima. Te ha supuesto esfuerzo, llantos, horas, dolor, etc. Pero “por desgracia” llega el día que te conviertes en humano y cometes un error; no te preocupes, por pequeño que sea, ya te estamos juzgando; y en ese momento fatídico nos volvemos desmemoriados u olvidadizos, la memoria se nos borra de nuestra mente y hacemos como que los hechos atrás ocurridos por tus propios méritos cuando lograste tu meta tan aplaudida y elogiada; se encarcelen en algún rincón de nuestro cerebro para la eternidad.

Ya no hablo de artistas, profesionales, deportistas de élite, hablo de ti, de mí, de personas que intentamos conseguir “algo” con ahínco e ilusión. Por mucho que pidas perdón o rectifiques, muy pocos volverán a buscar en aquel lugar recóndito de sus mentes, reconocer que eres ahora la misma persona que fuiste antes de errar.

Reconociendo y concluyendo que hagamos lo que hagamos vamos a estar mirados con lupa y apuntados desde cerca o lejos; te insto a que sigas hacia adelante, a que te equivoques, a que rectifiques, a que te caigas, a que te levantes; y que por más que la sociedad quiera destruirte, avasallarte o desestabilizarte; continúa con tus proyectos, sigue creyendo en ti y por supuesto, no dejes de crear y de creer.

Tenemos poca memoria, desde aquí; me permito dar una bocanada de aire fresco, un haz de luz a aquéllos que luchan y tratan día a día de ser mejores, de llevar un camino recto y equilibrado en sus vidas, y por el hecho de ser humanos los condenamos a bajar de su cumbre con un simple chasquido de dedos. Seamos justos con los que lo son consigo mismos.

¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

Albert Einstein

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